TIPOS COLGADOS

. 8 sept. 2008

La Expo del agua es también la Expo del aire. ¿No se han fijado? Nunca antes se había visto tanto humanoide volador, tanto saltimbanqui subido a techos, cúpulas y falsos cielos. Los espectáculos de esta Expo que agoniza a lo grande, saturada de gentío, nos han traído un empacho de actores y acróbatas con sus respectivos arneses, girando y aleteando cuales pajarillos ante nuestros ojos. O sobre nuestros ojos, más bien.



"Hombre vertiente"

Yo llevaba unas semanas con un dolor de cuello pertinaz, así que me fui al fisioterapeuta a hacérmelo mirar:

-Mmm -murmuró mientras me escrutaba con mala cara-... Estas lesiones me suenan, llevo todo el verano atendiendo tortícolis y dislocaciones parecidas. ¿Ha estado usted en la Expo?

-¿En la Expo, dice? -le respondí, sin poder girar el cuello hacia él-. Pues casi más que en mi casa, si le digo la verdad.

-¿Y ha visto los espectáculos? No me refiero a los conciertos, sino a Hombre vertiente, a los montajes de la plaza de Aragón, la cabalgata del Circo del Sol...

-Hombre vertiente lo he visto siete veces, oiga. Y de los demás, pues todos los que he podido.

-¿Siete veces? Lo suyo es un caso grave. No me diga más. Tiene lo que los fisioterapeutas llamamos la "tortícolis del arnés".

-¿Y es grave?

-Según y como. De momento, rehúya los espectáculos en los que haya gente colgada de las alturas.

-¡Es imposible!

-Pues disfrútelos tumbado, no fuerce el cuello. Ha visto usted demasiadas piruetas aéreas y su cuello se ha dislocado. Repose, no mire arriba, céntrese en los avatares que suceden a ras de suelo.

-Lo intentaré, pero no prometo nada.

¡Es que está todo lleno de colgados! En la Expo no habrá yonquis, pero colgados los hay a porrillo.
Hombre vertiente es el espectáculo colgado por antonomasia, pero ha habido un buen montón de montajes con superabundancia de arneses y colgadurías. Y cuando no había arneses, había zancos. La cosa es sobrevolar la cabeza de los espectadores. No hay una sola viga en Ranillas de la que no se haya colgado un actor, un acróbata o un saltimbanqui.

Pues yo no me siento cómodo, qué quieren que les diga. No solo porque en Hombre vertiente se produjeron dos batacazos casi trágicos, sino porque algunos hombres a los que nos asoma ya el cartón alopécico no nos gusta que nos miren cenitalmente. Que de frente parece que tenemos pelo, pero desde arriba se nos ve la coronilla en distintos grados de desertificación. ¿Por qué tenemos que exhibir nuestra incipiente calvicie ante los acróbatas aéreos?



"El despertar de la serpiente"


En fin, nada se puede hacer contra las modas, y la moda de este verano de 2008 es echarse a volar atado a una cuerda. Más que actores, parecen becarios de Leonardo da Vinci probando sus locos cacharros voladores.

Me resulta curiosa esta pulsión voladora en una ciudad tan plana como Zaragoza, donde sus habitantes han vivido por fuerza pegados al suelo, sin un triste tozal desde el que planear y donde el único que podía aspirar a colgarse de una altura era el capellán que tañía las campanas en el Pilar.

Queda la ceremonia de clausura, que está a un paso. Supongo que no faltarán en ella los correspondientes voladores. Yo, con su permiso, me voy a dar unas friegas para tener el cuello en condiciones de disfrutar del espectáculo.




Espectáculo "Noche de fuego", con fuego, noche y... ¡acróbatas!


Por cierto, mañana, para compensar, Ancas de Ranillas dejará las alturas y se adentrará en las tripas subterráneas de Zaragoza. Claustrofóbicos, abstenerse.

PS: hoy viene a la ciudad Gorbachov. Sí, hombre, sí, no me digan que no les suena, que es un hombre muy famoso. Es Mijail, el señor que anuncia los bolsos y maletas de Louis Vuitton. Yo le pediré una maletita pequeña de piel, a ver si me hace un barato.

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¿De qué va este blog?

El asombro cotidiano de alguien que se siente turista en su propia ciudad. Armado con una cámara, el periodista de HERALDO Sergio del Molino capturará fotos y vídeos de la ciudad de la Expo (e incluso de la propia Expo) y los servirá aquí aliñados con sus balbuceos de hombre asombrado ante el progreso. A veces, en pequeñas dosis, como una tapa de anca de ranilla. Otras veces, en plato grande, hasta el hartazgo.

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