ADIÓS CON EL CORAZÓN

. 14 sept. 2008


Como dicen los rockeros cursis al final de un concierto: "¡Hasta siempre, os llevo en el corazón!".

A mí en el corazón no me caben muchas cosas, que bastante hace el pobre con bombear ese colesterol espeso que me ha subido en tres meses de juerga Expo, pero sí que puedo decir, si me lo permiten, que me lo he pasado muy bien escribiendo estos treinta y pico artículos que componen Ancas de Ranillas. Espero haberles hecho pasar algún rato agradable y haberles sido de ayuda a la hora de moverse por la Expo y por esta ciudad extraña, nueva y llena de incógnitas que se nos presenta ahora.

Guarden las fotos y los recuerdos, guarden las entradas y los pases de temporada. Ellos atestiguan que ustedes estuvieron allí, que fueron protagonistas de la mayor transformación urbana de Zaragoza desde que un tal César Augusto la fundó.

¿Qué le depara ahora a Zaragoza? No lo sé, nadie lo sabe, pero creo que si se concreta ese centro de investigación del cambio climático y de verdad es un centro de altura, dirigido por científicos de talla internacional, esta capital habrá ganado no mucho, sino muchísimo. Centrar el desarrollo de una ciudad en la ciencia es un aldabonazo, un punto de no retorno hacia la liga de las estrellas de las urbes europeas. Verán qué majo será todo cuando las tascas se nos llenen de cerebritos aspirantes al Nobel, y cuando esos cerebritos atraigan a otros cerebritos, y esos a empresas de cerebritos, y... Me siguen, ¿no?

Tengo en la cabeza una estampa rancia y desagradable de la ciudad, la de las llamadas "cadeteras". Esas mozas que perseguían a los cadetes de la Academia General Militar cuando estos se iban de cachondeo por los bares de la ciudad los sábados por la noche, pobres chicas que buscaban "cazar" un marido militar que les diera seguridad económica y estatus. Me gustaría que ese viejo cuadro costumbrista que roza el subdesarrollo se sustituya al fin por el ligoteo sofisticado de un montón de cerebrines llegados de todas las esquinas del mundo. De cerebrines que llenen con su charla políglota los rincones de una Zaragoza moderna y, más que abierta, desparramada al mundo. ¿Es mucho pedir?

En fin, el tiempo lo dirá. Ahora solo nos queda esperar y recuperarnos de este intenso y delicioso verano.

Yo me vuelvo a mis páginas de papel, de donde no he salido en realidad, y a mi blog personal. Nos vemos allí, hablando de todas las cosas interesantes que van a pasar en Zaragoza y en Aragón en los próximos años.

Hasta otra y gracias por leer.

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¿De qué va este blog?

El asombro cotidiano de alguien que se siente turista en su propia ciudad. Armado con una cámara, el periodista de HERALDO Sergio del Molino capturará fotos y vídeos de la ciudad de la Expo (e incluso de la propia Expo) y los servirá aquí aliñados con sus balbuceos de hombre asombrado ante el progreso. A veces, en pequeñas dosis, como una tapa de anca de ranilla. Otras veces, en plato grande, hasta el hartazgo.

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¿Quién lo escribe?

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Sergio del Molino