¡OTRA RONDA, HICS!

. 3 sept. 2008


Parecía ingeniosa, pero era premonitoria. La campaña veraniega de La Zaragozana apoyando la Expo dice: "Vendrás por el agua, volverás por la cerveza". Es una verdad a medias, porque desde luego, la cerveza sin presión, tirada con desgana y en Fluvivaso chorreante que dan en los chiringuitos no invita a volver. Pero sí que es cierto y claro como la luz del día para cualquiera que se haya dado un paseo por Ranillas que en la Expo del agua triunfa el alcohol. Nunca se pudo beber tanto y tan variado en Zaragoza. El agua está bien en las exposiciones, pero en los vasos, los visitantes quieren sustancia, sabores intensos y, si es posible, unos grados de alcohol. La vuelta a casa, obligatoriamente, en Expobús, dejen el coche quieto.

Como quedan dos telediarios para que la fiesta zaragozana se acabe, les recomiendo que no se agobien, que desistan de hacer filas, que no se abrasen al sol, que no discutan con ese voluntario que les dice que el urinario está fuera de servicio. Estos últimos días, dense un capricho y, si sus niveles de transaminasas y su médico de cabecera se lo permiten, brinden conmigo con alguna de las propuestas que les voy a presentar. Los que alguna vez hemos ejercido de crápulas llamamos a estas codas "echar la penúltima". Porque la última copa, ya saben, es la que tomamos antes de morir.

Empecemos por algo suave. Vayan a Lituania, intenten encestar los balones de baloncesto que se deslizan por sus fachadas y pasen al acogedor interior. Acódense en la barra y pidan una sidra de pera. Pequeña, que el vaso grande a lo mejor les empacha demasiado. Notarán que es levemente parecida a la sidra asturiana, pero más dulzona y con un regusto muy agradable.

¿Les parece poca cosa? Ya veo que ustedes van fuertes por la vida, son gente de alta graduación. No se apuren, tenemos varias alternativas para los machos muy machos.

Entren en Polonia, el "pabellón peludo", y atrévanse con un vodka tradicional de aquellos bosques. El licor galopará por su garganta como un húsar sediento de sangre. También pueden probarlos en Rusia, donde son ligeramente más fuertes. En este último pabellón podrá acompañarlos con unos deliciosos aunque algo caros blinis (variantes eslavas de las francesas crepes, algo más gruesas y más pequeñas). Así mitigará su devastador efecto etílico.

Si no son tan rudos como Vladimir Putin y no se identifican con las violentas hazañas de los cosacos, dirijan sus pasos hacia las cálidas cercanías del pabellón del Caribe. Allí, por un módico precio de dos euros y pico, les ofrecerán un variado surtido de los cócteles que los europeos asociamos a aquellas latitudes: caipirinha, piña colada, mojito, daikiri... Todos, servidos en pequeños vasos de plástico, medida perfecta para degustar un poco sin alcanzar un estado ebrio. Refrescantes, mentolados y divertidos.

Estos vasitos pueden estar bien como entretenimiento, pero no saciarán la sed de un gourmet acostumbrado al bamboleo de las cocteleras más exigentes. Si se encuentran en ese selecto y sibarita grupo, suban las escaleras mecánicas y entren en la 'boite' de México. Personalmente, les recomendaría una Coronita o una Dos Equis, excelentes cervezas de carácter azteca, muy ligeras y refrescantes, pero llenas de sabor, y con un contenido alcohólico bajo. Pero entiendo que la atracción de ese bar son sus cócteles, elaborados con esmero por manos expertas. Son margaritas de muy variado jaez, servidos en copas bajas y anchas, para degustar sin prisa y en amigable plática, al estilo de México.

Aunque para pláticas amigables, las que se pueden echar en las mesas de la terraza de Bélgica cuando cae la noche. La carta ofrece una aceptable selección de las muy buenas cervezas de aquel país. Están representadas las principales variedades que se producen en Bélgica, desde la blanca de Brujas a las afrutadas lambic, pasando por toda la gama personalísima e inclasificable de las cervezas de abadía trapense, únicas en el mundo. Hay para todos los gustos, pero mi consejo es que se atrevan a probar alguna de las de sabor y textura más fuertes (una Chimay roja, por ejemplo) con el chocolate belga que también venden allí. Descubrirán lo sorprendentemente bien que maridan. Corran, es una experiencia que no podrán repetir en Zaragoza cuando cierre la Expo.

Las dos terrazas más afamadas, la del Acuario y la del pabellón de Aragón, están bien por el entorno y por su ambiente privilegiado. Es un lujo tomar una copa en semejante marco (un lujo de verdad; es decir, muy caro), pero la verdad es que las propuestas etílicas dejan un poquito que desear. No hay nada que no tengan en cualquier bar de copas, y hablo de bares normalitos. En el Acuario, según el día que sea, a veces ni siquiera tienen variedad de marcas de ginebra para los gin-tonics, y de verdad que en ese cóctel la marca importa, y mucho.

No me olvido de los vinos de muchos pabellones ni de las botellas de licores exóticos que venden en muchas tiendas, pero necesitaría una semana para glosarlas todas, y no tengo intención de ser exhaustivo. Yo solo les sugiero, les ofrezco puntos de partida para que exploren ustedes mismos.

Seguro que han descubierto muchos más sitios en Ranillas donde saciar la sed. No me cabe duda. Puede que también prefieran un sano y económico trago de agua o un sencillo café. Por supuesto, esto no es una apología del alcoholismo. Simplemente, me limito a constatar lo que todo el mundo sabe: que en la Expo del agua, muchos añaden a ese agua unas gotitas de licor. Para animar la fiesta, que se suele decir.

5 comentarios:

Guaya dijo...

No es apología del alcoholismo, es que, cuando ya has visto todos los pabellones tres veces por acompañar a tus padres, tus suegros, tus amigos de fuera, tus hermanos, tus vecinos, algún hijo desconocido... Lo único que queda es disfrutar de una bebida tranquilamente.
Uno otra sugerencia del pabellón de Rusia: MOJITO DE FRAMBUESA. Tiene narices que lo hagan con más arte que en el bar de Cuba.

RONDABANDARRA dijo...

Jodo, qué post-chorizo te ha salido. ¡Cómo se nota que dominas el tema!

Javier dijo...

Tiene razón guaya, está muy bueno el mojito de fresa ruso. Si vas con sed no te muevas de ese pabellón. Pídete su cerveza Baltika, que te la sirven en botella de medio litro (a 4,5€, eso sí) Tienes de diferentes números (mi preferida es la 7, un poco más amarga, pero tienes la 5 más suave que está bastante buena.

Anónimo dijo...

Hola Sergio!

Soy una feliz lectora de este blog, por el que te felicito. Te sigo desde Bruselas ;-) Y siempre encuentro algo simpático a la vez que agradable e interesante! :-)

Y es que además, nos conocemos! Soy Rosa, amiga de Paula (de Madrid). Estuvimos tomando algo hace un par de años en el barrio sur y luego fuimos a la casa magnética. Que me acuerdo que os íbais de vacaciones a London. Y de hecho por entonces yo me iba a currar a Luxemburgo.

Que cosas! Y aquí estamos... :-)

Bueno, pues te mando un abrazón y a ver si algún día de estos nos tomamos una rica cervezuela.

PD. Como buena fiel a mi Zaragoza mon amour, el próximo finde iré para allá. A ve si quepo en la expo, a ver...

Anónimo dijo...

OTRA RONDA HICS¿¿¿ PERO NO ERA DE TODA LA VIDA HIP!!!!!!!! JAJAJ GAÑANA!!!!!!!



manoymente!

¿De qué va este blog?

El asombro cotidiano de alguien que se siente turista en su propia ciudad. Armado con una cámara, el periodista de HERALDO Sergio del Molino capturará fotos y vídeos de la ciudad de la Expo (e incluso de la propia Expo) y los servirá aquí aliñados con sus balbuceos de hombre asombrado ante el progreso. A veces, en pequeñas dosis, como una tapa de anca de ranilla. Otras veces, en plato grande, hasta el hartazgo.

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Sergio del Molino