ROCK EN EL APARCAMIENTO

. 12 jul 2008


En primer lugar, discúlpenme por tener este blog tan abandonadillo estos días, pero es que la empresa que me paga por escribirlo me ha tenido ocupado en otros menesteres. Entre ellos, intentar cubrir un festival de heavy metal que acabó como María Sarmiento. Sí, hombre, la que se llevó el viento.

Tocar música en un aparcamiento tiene muchos peligros: te pueden robar los instrumentos, el guardia de seguridad te puede echar con cajas destempladas y un conductor despistado te puede destrozar la guitarra al dar marcha atrás. Si el aparcamiento es el de la Feria de Muestras, además, puedes salir volando.

Muchos veníamos comentándolo desde hacía bastante tiempo. Incluso lo habíamos sacado a colación en los papeles: ni podemos aceptar barco como animal de compañía, ni la Feria de Muestras como lugar para macroconciertos. Sí, bueno, vale, de acuerdo: la tormentaza del viernes hubiera caído igual sobre la Romareda. De hecho, cayó también sobre la Expo, y los que fueron a ver ese dúo Estrella Morente-Dulce Pontes, que resume las esencias femeninas de lo ibérico, se fueron también con un palmo de narices. Pero, por lo menos, los de la Expo pudieron tomarse una copa y brindar por el desaguisado. O volver al centro tan campantes. Sin embargo, los pobres desgraciados (en su mayoría, chavales sin vehículo) que vieron cómo se suspendía (por segunda vez en dos años) el concierto de Deep Purple el viernes, no tenían alternativa. Como Adán y Eva, fueron desterrados al ingrato yermo para intentar subirse a un autobús con el sudor de su frente. Y con el de otras muchas partes de su cuerpo.

Es triste que una ciudad que aspira, según su alcalde, a ser "la tercera de España" no encuentre un sitio mejor para organizar estos saraos masivos que un aparcamiento en medio de la nada, sin transporte público ni accesos decentes. ¿Cómo se concilia el gusto que los gobernantes le han cogido a organizar macrofestivales (¿"panen et circum"?) con el hecho de que estos macrofestivales se celebren siete pinos más allá del quinto pino, como queriendo alejar a la molesta chusma conciertil de la dignidad de la ciudad? Valdespartera también está lejos, pero al menos tiene mejores y más cómodas soluciones de transporte. Ya se vio en el Pilar.

Todavía recuerdo con angustia el caos que se organizó al término del concierto de los Rolling Stones. Además, ver pasar los coches por la autovía mientras los rockeros se entregan en el escenario provoca cierta congoja. Piensas: ¿estaremos haciendo algo clandestino, aquí, en medio de la nada, con los trailers pasando a toda velocidad?

Quizá solo yo lo veo así. Quizá es que soy un cenizo.

No seré demagogo: ningún gestor ni ningún organizador controla el clima. Bueno, quizá Gay Mercader y Bob Geldof sí, que esos lo controlan todo. Que una tromba de agua y viento arruine un festival entra dentro de lo posible y de lo incontrolable. Todo el mundo cuenta con eso, y el público suele tomárselo con sana resignación. Pero quizá lo que ha pasado este fin de semana sirva para que alguien reflexione sobre la conveniencia de insistir en la Feria de Muestras como "macroconcertería municipal". Más que nada, porque cuando una tormenta arruina la función, ¿qué haces con miles de personas enfadadas, caladas y con distintos grados de embriaguez en medio de la nada? ¿No sería mejor que estuviesen más cerca de la ciudad y pudiesen buscar por su propio pie un bar donde ahogar sus penas?

Vamos, digo yo.
Foto: Maite Fernández.

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El asombro cotidiano de alguien que se siente turista en su propia ciudad. Armado con una cámara, el periodista de HERALDO Sergio del Molino capturará fotos y vídeos de la ciudad de la Expo (e incluso de la propia Expo) y los servirá aquí aliñados con sus balbuceos de hombre asombrado ante el progreso. A veces, en pequeñas dosis, como una tapa de anca de ranilla. Otras veces, en plato grande, hasta el hartazgo.

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